Han pasado horas desde que almorzaste, y el día escolar todavía está lejos de terminar. Tu estómago ruge y empiezas a ponerte de mal humor por el hambre. Muchas escuelas tienen una solución: ¡la hora de la merienda!
Tearra Sutton, una maestra de quinto grado en Carolina del Norte, dice que dejar que sus estudiantes merienden los ayuda a recargar energías entre las lecciones.
”Ese pequeño descanso cambia la energía, concentración y disposición para aprender”, explica.
Los expertos en salud recomiendan que los estudiantes de quinto y sexto grado merienden una o dos veces algo saludable al día. Para los niños que tienen actividades extracurriculares, una merienda por la tarde en clase podría ser su única oportunidad de comer antes de la cena.
Sin embargo, en muchas escuelas los salones de clase son zonas libres de meriendas. Algunos maestros argumentan que tener comida y bebidas en clase puede ser una receta para el desorden. Señalan que los estudiantes que intercambian meriendas y el ruido constante al masticar son grandes distracciones. Limpiar los derrames pegajosos y las migajas puede crear más trabajo para los maestros y restarle tiempo a la clase.