Es la hora del almuerzo en la escuela primaria San Marcos, en California. Cuando los alumnos terminan de comer, clasifican con cuidado la basura. Las manzanas a medio comer van a un cubo especial para restos de comida. Los cartones de leche vacíos van al cubo de reciclaje. Y las bolsas de papas fritas y los envoltorios de barritas de cereales se botan a la basura normal.
Todo esto forma parte de un programa que iniciaron el año pasado los alumnos de quinto de la maestra Melissa Cuevas. Instalaron una estación de clasificación en la cafetería con cubos separados para el compost, el reciclaje y la basura normal. La comida del cubo de compost se convertirá con el tiempo en un fertilizante natural que ayuda al crecimiento de las plantas. Los alumnos ya han evitado que miles de libras de comida y materiales reciclables terminen en los vertederos.