Al empezar cada día de clase, muchos niños se dirigen directamente a sus asientos asignados. Pero en cada vez más salones de clases, los niños pueden elegir no solo dónde sentarse, sino en qué sentarse. Veamos el caso de los alumnos de cuarto y quinto grado de las clases de Colleen Metzler en la escuela primaria Vergennes Union de Vermont. Pueden optar por una silla normal en un pupitre, una silla con ruedas o incluso una bola de ejercicio. A este tipo de disposición se le llama asientos flexibles.
Algunos maestros dicen que dejar que los niños se sienten en un puf gigante o en un taburete con ruedas ayuda a romper la rutina diaria. Afirman que darles a los niños la libertad de sentarse donde quieran les hace disfrutar más del aprendizaje, y esto les ayuda a concentrarse.
“Yo no me quedo quieta en una silla cuando doy clase —dice Metzler—. Así que no espero que mis estudiantes se sienten totalmente inmóviles en una silla mirando al frente”.
Sin embargo, quienes se oponen a los asientos flexibles sostienen que los niños necesitan estructura para poder concentrarse. Algunos maestros dicen que sentarse junto a los amigos, o en bolas de ejercicio que rebotan, puede causar mucha distracción.